viernes, 18 de enero de 2019

Lágrimas de cocodrilo, perdón, de cochinillo

Lágrimas de cocodrilo”. Quien no habrá escuchado esta frase alguna vez, obviamente dándole un sentido que nada tiene que ver con la naturaleza del reptil. Los cocodrilos lloran por dos motivos: uno, al ser reptiles de agua que cazan fuera de esta, sus glándulas oculares se activan expulsando lágrimas para mantener los ojos hidratados. Y el segundo motivo es al comer, esto es debido a que sus glándulas oculares están a pocos centímetros de las glándulas salivares, esto hace que se estimulen de forma continuada cuando comen, de ahí que lloren siempre que coman. Pero, ¿cuándo lloran los cochinillos? Pues como les pasa al resto de animales, cuando están metidos en barro, fango, o en sus propios desechos, lloran para limpiarse los ojos de su propia inmundicia. Lo mismo que le pasó a la ‘portavoza’ podemita el pasado miércoles.

La señora de Iglesias ha reaparecido tras su baja por maternidad, de una forma excitada, mucho más sectaria de lo que ya había demostrado ser. Al parecer, y como al resto de sus compañeras feminazis, el tema VOX le vuelve loca y además le atolondra. No es que haya demostrado alguna vez una gran capacidad intelectual, no, más que nada porque sus discursos o intervenciones siempre han sido bastante atolondrados y siempre basados en consignas vacías. Además, tampoco termina de enterarse del porqué es La número dos de su partido, parece ser que sigue pensando que es por su gran valía en la política, y no por la relación sentimental que mantiene con el amo líder podemita. Ya sabéis, el tema de las camas giratorias y tal. Pero esta vez la ‘portavoza’ ha reaparecido con un pequeño cambio que aún no sé como definirlo. No sé si el ser mamá le ha hecho ser más sensible, o más inepta, aún tengo dudas.

El pasado miércoles la señora Irene Montero nos volvió a demostrar lo mucho que le encanta revolcarse en el barro, cual cochinillo. En el barro del sectarismo ultra-feminista, con un discurso falso, demagogo, y tremendamente populista. Empezando por la frase, “nosotras lucharemos contra el acuerdo de los trillizos reaccionarios”, aquí tengo que admitir que me sorprendí, pensaba que se estaba refiriendo a Iglesias, Garzón, y el ocupa Sánchez, ya que son el primer trío reaccionario que me viene a la cabeza, pero no, ella se refería a los pactos de Andalucía. Ya es curioso que les llame trillizos reaccionarios, cuando ella estaba soltando uno de los discursos más reaccionarios que había vomitado nunca, sobre el machismo de VOX. Algo que es totalmente falso, ya que no hay ningún punto dentro del programa de VOX donde hable de la desprotección de las mujeres ante la violencia de pareja. Pero a esta feminazi como al resto de sus compañeras, les encanta crear el fango de la falsedad y tergiversación y revolcarse en el una y otra vez, cuáles cochinillos. 

Pero el momento del clímax total, llegó cuando está personaje soltó, “pero desde aquí les digo a todas esas mujeres andaluzas, que ante los odiadores no estaréis solas”, y entre lágrimas, “nosotras os queremos”. Ole, ole, y ole al inmundo populismo vomitado sin complejos. No es de extrañar que llorase, tras revolcarse en su barro de sectarismo, tras hundirse en su fango de la falsedad y tergiversación, tras rebozarse en su propia inmundicia populista y ultra-feminista, es normal que llore para limpiarse los ojos de tanta suciedad expulsada, cual cochinillo. Pero solo son eso, lágrimas de cochinillo.

Aún así, nos tendrían que explicar esta panda de grupos radicales de sectarias de extrema izquierda, si de verdad se creen que los 400.000 votos a VOX son solo de hombres, que ninguna mujer les vota. O es que como ya dijo una de las líderes de las ultra-feministas en su momento, “una mujer de derecha nunca puede ser feminista”, por lo tanto, ¿consideran a las votantes de derecha hombres? Está claro que de estas radicales nos podemos esperar cualquier cosa, sobretodo de Montero, que critica e insulta a toda persona que no piense como ella, a pesar de que ella está con un supuesto feminista que le gusta hacer sangrar a las mujeres. O cuando defienden al islam, una religión que trata a las mujeres como posesiones u objetos para el placer sexual. La incoherencia de los discursos de estas ultras es brutal, no tienen límites. Pero que de verdad piensen que las mujeres de derecha no son feministas, da miedo y mucho que pensar, ya que si existen feministas de verdad son justo ellas.

Las que de verdad abanderan el feminismo, son en su mayoría las mujeres de derecha, las que buscan y luchan por la igualdad real entre sexos, las que no criminalizan a los hombres solo por ser hombres, las que quieren que cada persona sea considerada por su valía dando igual el sexo, las que no ejercen el machismo con las mujeres que no piensan igual que ellas. Con esto no estoy diciendo que no haya mujeres de izquierda que busquen y luchen por la igualdad real, ya que por supuesto que las hay, pero como he dicho en su mayoría son de derecha. Señoras de los pies a la cabeza que por ser feministas no pierden su feminidad, algo que las radicales perdido por completo, han distorsionado tanto el concepto feminismo, que si una mujer quiere ser femenina y resaltar su feminidad, las ultras le tratarán de florero. Para las feminazis ser feministas, significa ir hechas un desagradable desastre, y no estoy hablando de estereotipos, no, hablo de estética. Las mujeres femeninas, las mujeres de VOX, las del PP, también son feministas.

Así que Irene Montero y sus sectarias radicales se deberían de dejar de tanta lágrima de cochinillo, ya que no son feministas, son simples y vulgares feminazis.



Luis Barros.
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