viernes, 30 de septiembre de 2016

Naufragio de un político.

Naufragio.

Tras los días difíciles que llevaba, pensando en todo lo que estaba sucediendo y en todo lo que se estaba diciendo, decidió analizar. Sí, tenía que pensar a fondo. Tenía que encontrar el origen de tal catástrofe, que podría acabar con su carrera. Una carrera que creía tener encarrilada, y con un futuro brillante. Pero algo había pasado y todo se caía a su al rededor, y no sabía qué decisiones tomar ni cómo actuar.

Para empezar, estaba seguro que no había cometido ningún error. De eso estaba completamente convencido, nunca cometía errores.

¿Entonces qué pasó?

Alguien le mintió, le traicionó. Alguno de esos que siempre le decían lo bueno que era. Esos que siempre tenían sonrisas zalameras, y que le felicitaban una y otra vez por lo lejos que llegaría. Una de esas personas que le habían garantizado estar siempre a su lado. Siempre apoyándole.

Sí, ha tenido que pasar eso, pensaba él para si. Era una traición en toda regla, y encima de los suyos.

¿Qué otra cosa podía ser?

Solo eso. Era la conclusión más lógica. Ya que la gente de fuera le adoraba, eran sus votantes. Pero aún así, todo se derruía. Y deprimido pensando en lo que sucedía, recordó un texto que había leído hacía algún tiempo.

***

"La soledad y el pensamiento, son cuaderno de bitácora, para el que es capaz de forjar su propio destino." -Lector Siempre descubriendo, aunque por accidente, alguna mente o determinada sonrisa que terminan por revelarse como puñales y consecuentemente dejando heridas que el tiempo olvida, sí, pero que no reparan en esculpir tras de sí alguna que otra marca, pues así rememoran las tormentas de un curso arduo del que no se ha podido recuperar nada bueno, nada potable.

Reflexionando se entiende que fue un simple capricho de felicidad que llevó a la ruina tiempos enteros, situaciones recónditas, lazos cuales recuerdo alguna vez dijeron ser para siempre. Se entiende por experiencia lo que termina aconteciendo y aun así, no hay otras rutas. Pasa más veces de las que es sano avalar, aunque siempre con la opción de seguir navegando o hundirse en un intento de suicidio emocional, aunque siempre fuera mejor seguir navegando.

Roca gris y muelles quebrados, apelmazados por las sombras de aquellas nubes, amenazan con obligar a aceptar lo que verdaderamente es el anunciarse de un monzón: aquel latoso repetidor de la distopía. Es entonces que se hace caso omiso de las entonadas advertencias que alguna voz acuña, y se repite el error de levar anclas.

La bitácora se torna en única, sin bifocales experiencias. Se torna en una suerte de unitácora en la que la decisión erronea es ley. El naufragio es inminente. Se sabe que sólo cobrará un alma.

***

Recordarlo le deprimió aún más. Sentado en su sillón con las manos aferradas a los posa brazos levantó la mirada. Miró su estupendo despacho, era suyo y le querían echar. Sabía que tenía que irse a casa, pero no podía levantarse. Solo en pensar en el día siguiente y en la reunión de la comisión, le revolvía las tripas.

Tras un suspiro, encajó la mandíbula y se levantó a la vez que tomaba una decisión. Ya en la puerta con la mano en el pomo, miro atrás a su despacho, y pensó. Conseguiría su gran obsesión, tendría la presidencia, sí. Y si los suyos no se lo permitían y le hacían caer, no caería solo. Se llevaría por delante a todo idiota que se interponga en su camino. Se prometió que así lo haría. Como que se llama, Pedro Sánchez.

Yo, y mi tacto.
Share: